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Por qué el ejercicio físico es esencial en la tercera edad

El ejercicio físico en personas mayores es fundamental para mantener la movilidad, la fuerza, el equilibrio y la autonomía. En la tercera edad, mantenerse activo ayuda a prevenir caídas, reducir el sedentarismo, conservar capacidades y mejorar la calidad de vida.

La actividad física no tiene que ser intensa para resultar beneficiosa. Caminar, realizar ejercicios de movilidad, levantarse y sentarse con apoyo, trabajar el equilibrio o participar en actividades grupales adaptadas puede marcar una gran diferencia en el bienestar diario.

En Casa Benèfica del Masnou, el movimiento forma parte de una atención integral. El ejercicio se adapta a las capacidades, necesidades y estado de salud de cada residente, siempre con el objetivo de favorecer una vida más activa, segura y autónoma.

Por qué es importante el ejercicio físico en las personas mayores

Con el paso de los años es habitual que disminuyan la fuerza muscular, la movilidad, la resistencia y el equilibrio. También pueden aparecer enfermedades crónicas, dolor, miedo a caer o periodos de inactividad después de una hospitalización.

El ejercicio físico ayuda a frenar parte de este deterioro y a conservar capacidades necesarias para la vida diaria. Mantenerse activo facilita acciones tan importantes como levantarse de una silla, caminar, vestirse, asearse, subir un escalón o participar en actividades.

La actividad física también influye en el estado de ánimo, el descanso y la confianza. Cuando una persona mayor se siente más segura al moverse, suele participar más en su entorno y mantener una mayor autonomía.

Principales beneficios del ejercicio físico en la tercera edad

Los beneficios del ejercicio en personas mayores no se limitan a mejorar la forma física. El movimiento regular puede influir en la salud cardiovascular, muscular, ósea, cognitiva y emocional.

Entre sus principales beneficios se encuentran:

  • Mantener o mejorar la fuerza muscular.
  • Conservar la movilidad y la flexibilidad.
  • Mejorar el equilibrio y la coordinación.
  • Reducir el riesgo de caídas.
  • Favorecer la salud cardiovascular.
  • Ayudar a controlar algunas enfermedades crónicas.
  • Mejorar el estado de ánimo.
  • Reducir el sedentarismo.
  • Favorecer un mejor descanso.
  • Mantener la autonomía en actividades cotidianas.
  • Estimular la atención y otras capacidades cognitivas.
  • Favorecer la socialización cuando se practica en grupo.

Ejercicio físico para mantener la fuerza muscular

La pérdida de masa y fuerza muscular es frecuente durante el envejecimiento. Cuando la musculatura se debilita, actividades sencillas como levantarse, caminar o mantener la postura pueden resultar más difíciles.

Los ejercicios de fuerza adaptados ayudan a mantener la funcionalidad. Pueden incluir movimientos con el propio peso corporal, bandas elásticas, pequeños objetos o ejercicios realizados desde una silla.

El objetivo no es levantar grandes cargas, sino conservar la capacidad necesaria para realizar actividades cotidianas con mayor seguridad. Incluso pequeños avances pueden mejorar la autonomía y reducir la necesidad de ayuda.

Equilibrio y prevención de caídas

Las caídas son una de las principales preocupaciones en personas mayores. Pueden provocar fracturas, hospitalizaciones, miedo a caminar y pérdida de independencia.

Los ejercicios de equilibrio y coordinación ayudan a mejorar la estabilidad y la seguridad en los desplazamientos. También pueden reforzar la confianza de personas que han sufrido una caída o que evitan moverse por miedo.

La Organización Mundial de la Salud sobre actividad física señala que el ejercicio regular puede reducir el riesgo de caídas y mejorar la salud física, mental y cognitiva de los adultos mayores.

En una residencia, este trabajo debe adaptarse a cada persona y realizarse en un entorno seguro, especialmente cuando existen problemas de movilidad, fragilidad o deterioro cognitivo.

Movilidad y flexibilidad en la tercera edad

La movilidad articular permite realizar movimientos cotidianos con mayor comodidad. Con la edad pueden aparecer rigidez, dolor o limitación en articulaciones como hombros, caderas, rodillas y tobillos.

Los ejercicios suaves de movilidad y flexibilidad ayudan a conservar la amplitud de movimiento, reducir la rigidez y facilitar acciones como vestirse, caminar o alcanzar objetos.

Estos ejercicios pueden realizarse sentado, de pie con apoyo o durante actividades funcionales. Lo importante es que se adapten a las capacidades de la persona y no provoquen dolor.

Ejercicio y salud cardiovascular

Caminar y realizar actividad aeróbica adaptada ayuda a mantener activo el sistema cardiovascular. Este tipo de ejercicio puede mejorar la resistencia y facilitar que la persona realice actividades con menor sensación de cansancio.

La intensidad debe ajustarse al estado de salud y a la capacidad funcional de cada persona. En adultos mayores con enfermedades cardiovasculares, respiratorias o metabólicas, es importante contar con orientación profesional antes de iniciar una nueva rutina.

No es necesario realizar sesiones largas. Pequeños periodos de movimiento distribuidos a lo largo del día también pueden ayudar a reducir el sedentarismo.

Ejercicio físico y autonomía personal

Uno de los principales objetivos del ejercicio en la tercera edad es mantener la autonomía. Ser autónomo no significa hacer todo sin ayuda, sino conservar la mayor capacidad posible para participar en la vida diaria.

Levantarse con apoyo, caminar hasta el comedor, colaborar en la higiene, mantener una buena postura o participar en una actividad son capacidades que influyen directamente en la calidad de vida.

En una residencia, el movimiento puede integrarse en las rutinas cotidianas, no solo en sesiones específicas. Puedes conocer mejor estas rutinas en el artículo sobre cómo es la vida en una residencia de ancianos.

Beneficios del ejercicio para el estado de ánimo

El ejercicio también puede mejorar el bienestar emocional. Mantenerse activo ayuda a romper el sedentarismo, crear rutinas y favorecer una sensación de capacidad y participación.

La actividad física puede contribuir a reducir la apatía, mejorar el ánimo y aumentar la confianza. Cuando se realiza en grupo, también ofrece oportunidades para conversar, relacionarse y compartir una experiencia positiva.

Estos beneficios son especialmente relevantes durante la adaptación a una residencia, después de una pérdida o en personas que tienden al aislamiento.

Actividad física y salud cognitiva

El movimiento no solo beneficia al cuerpo. También puede favorecer la atención, la orientación y la salud cognitiva. Algunas actividades combinan ejercicio con instrucciones, música, coordinación o interacción social.

En personas con deterioro cognitivo, los ejercicios deben ser sencillos, repetitivos y fáciles de seguir. Las rutinas conocidas ayudan a reducir la inseguridad y facilitan la participación.

La actividad física puede complementarse con estimulación cognitiva y apoyo emocional. En este contexto, resulta importante comprender qué hace un psicólogo en una residencia de ancianos y cómo se coordina con el resto del equipo.

Qué ejercicios son adecuados para personas mayores

No existe una única rutina válida para todas las personas mayores. El ejercicio debe adaptarse al estado de salud, la movilidad, la fuerza, el equilibrio y la experiencia previa.

Algunos tipos de ejercicio que pueden resultar adecuados son:

  • Paseos adaptados.
  • Ejercicios de movilidad articular.
  • Ejercicios de fuerza suave.
  • Trabajo de equilibrio con apoyo.
  • Levantarse y sentarse de una silla.
  • Movimientos de brazos y piernas desde una posición sentada.
  • Ejercicios respiratorios.
  • Actividades con música.
  • Juegos de coordinación.
  • Ejercicio funcional relacionado con tareas cotidianas.

La elección dependerá de la capacidad de cada persona y de los objetivos que se quieran trabajar.

Cuánto ejercicio debería hacer una persona mayor

La frecuencia y duración deben adaptarse a cada caso. La OMS recuerda que cualquier cantidad de actividad física es mejor que ninguna y que todas las formas de movimiento cuentan.

Cuando la persona lleva tiempo inactiva, lo más adecuado es empezar poco a poco. Sesiones breves y frecuentes pueden ser más seguras y llevaderas que una actividad larga o intensa.

Lo importante es la regularidad. Mantener pequeños hábitos de movimiento cada día puede ser más beneficioso que realizar ejercicio de forma ocasional.

Cómo empezar a hacer ejercicio en la tercera edad

Antes de empezar, conviene valorar el estado general de la persona, sus antecedentes, enfermedades, medicación, dolor y riesgo de caídas.

Algunas recomendaciones básicas son:

  • Empezar con actividades sencillas.
  • Aumentar la intensidad de forma progresiva.
  • Usar ropa y calzado cómodos.
  • Evitar superficies inestables.
  • Tener un punto de apoyo cuando sea necesario.
  • Respetar el cansancio y las limitaciones.
  • Detener el ejercicio si aparece dolor intenso, mareo o malestar.
  • Contar con supervisión profesional cuando existan riesgos.

Cuándo debe supervisarse el ejercicio

La supervisión es especialmente importante cuando la persona presenta riesgo de caída, deterioro cognitivo, problemas neurológicos, enfermedades cardiovasculares, recuperación tras una fractura o una pérdida importante de movilidad.

También conviene contar con orientación profesional cuando la persona utiliza bastón, andador o silla de ruedas, o cuando ha pasado mucho tiempo sin realizar actividad.

En estos casos, el fisioterapeuta puede valorar las capacidades y diseñar una intervención segura. Puedes ampliar este tema en el artículo sobre el papel del fisioterapeuta en una residencia geriátrica.

Ejercicio después de una caída, fractura u hospitalización

Después de una caída, una fractura, una cirugía o un ingreso hospitalario, es frecuente que la persona mayor pierda fuerza y confianza.

El ejercicio puede ayudar a recuperar parte de la movilidad y reducir las consecuencias de la inmovilidad. Sin embargo, el proceso debe ser progresivo y adaptado a las indicaciones médicas y funcionales.

En estos casos, los objetivos pueden incluir volver a levantarse, mejorar las transferencias, caminar con una ayuda técnica o recuperar seguridad en movimientos básicos.

Ejercicio físico con enfermedades crónicas

Muchas personas mayores conviven con artrosis, osteoporosis, diabetes, enfermedades cardiovasculares, problemas respiratorios o enfermedades neurológicas.

Tener una enfermedad crónica no significa que la persona deba permanecer inactiva. En muchos casos, el movimiento adaptado ayuda a mantener la funcionalidad y a controlar mejor algunas limitaciones.

La rutina debe ajustarse a la enfermedad, la medicación, el dolor y la capacidad de esfuerzo. La coordinación entre profesionales es importante para evitar riesgos.

Actividad física en personas con deterioro cognitivo

Las personas con deterioro cognitivo también pueden beneficiarse del ejercicio. Las actividades deben ser simples, repetitivas, seguras y acompañadas de instrucciones claras.

Caminar, mover brazos y piernas, realizar ejercicios con música o practicar movimientos funcionales puede ayudar a mantener hábitos motores y reducir las consecuencias de la inactividad.

Es importante crear un ambiente tranquilo, evitar explicaciones complicadas y adaptar la actividad al estado emocional de la persona.

La importancia de reducir el sedentarismo

No basta con realizar una actividad puntual si el resto del día transcurre completamente sentado o acostado. Reducir el sedentarismo también es importante.

Levantarse con ayuda, caminar unos minutos, cambiar de postura o participar en una tarea sencilla son formas de incorporar movimiento al día.

En una residencia, el ejercicio puede integrarse en las comidas, actividades, paseos y desplazamientos cotidianos. Esta visión ayuda a que el movimiento no se perciba como una obligación aislada.

Ejercicio al aire libre y espacios verdes

Caminar o realizar movimientos suaves al aire libre puede mejorar la motivación y hacer que la actividad resulte más agradable. Los jardines, patios y terrazas ofrecen oportunidades para moverse, descansar y relacionarse.

El entorno debe ser accesible, seguro y contar con zonas de descanso. También debe adaptarse al clima y al estado de salud de la persona.

Los espacios verdes en residencias de mayores pueden favorecer tanto el movimiento como el bienestar emocional y la socialización.

Ejercicio y actividades sociales

La actividad física también puede formar parte de talleres, juegos y actividades grupales. Moverse con música, lanzar una pelota, seguir una coreografía sencilla o participar en dinámicas de coordinación permite trabajar capacidades mientras se disfruta de la compañía.

Este tipo de ejercicio suele aumentar la motivación y reduce la sensación de estar realizando una tarea terapéutica.

En Casa Benèfica del Masnou, las actividades sociales para personas mayores ayudan a combinar participación, convivencia, estimulación y movimiento adaptado.

Errores frecuentes al hacer ejercicio en la tercera edad

Uno de los errores más habituales es pensar que una persona mayor no debe hacer ejercicio por su edad. La inactividad también puede tener consecuencias negativas, como pérdida de fuerza, mayor rigidez y reducción de autonomía.

Otros errores frecuentes son empezar con demasiada intensidad, copiar rutinas no adaptadas, ignorar el dolor, no utilizar apoyos o realizar ejercicios en espacios inseguros.

La actividad debe ser progresiva, individualizada y coherente con el estado de salud de la persona.

El ejercicio físico en una residencia de mayores

En una residencia, el ejercicio puede integrarse de diferentes formas: sesiones de fisioterapia, paseos, movilidad diaria, ejercicios grupales, actividades funcionales y propuestas al aire libre.

La ventaja de este entorno es que la persona puede contar con supervisión, espacios adaptados y coordinación entre profesionales.

El ejercicio forma parte de los servicios de atención de una residencia de mayores y debe adaptarse a la evolución de cada residente.

Ejercicio físico en Casa Benèfica del Masnou

En Casa Benèfica del Masnou promovemos el movimiento como parte del cuidado diario. El ejercicio se adapta a las capacidades, necesidades y objetivos de cada residente.

El trabajo de movilidad, fuerza, equilibrio y prevención de caídas se combina con fisioterapia, actividades sociales, paseos y rutinas funcionales.

Si estás buscando una residencia geriátrica en Masnou que favorezca una vida activa y un cuidado adaptado, puedes conocer nuestro centro.

También puedes contactar con Casa Benèfica del Masnou para solicitar información, consultar disponibilidad o concertar una visita.

Preguntas frecuentes sobre ejercicio físico en la tercera edad

¿Por qué es importante el ejercicio físico en la tercera edad?

El ejercicio ayuda a mantener fuerza, movilidad, equilibrio y autonomía. También puede reducir el riesgo de caídas, favorecer la salud cardiovascular y mejorar el estado de ánimo y la calidad de vida.

¿Qué ejercicio es mejor para una persona mayor?

Depende de su estado de salud y movilidad. Caminar, realizar ejercicios de fuerza suave, movilidad articular, equilibrio y actividades funcionales suelen ser opciones adecuadas cuando están correctamente adaptadas.

¿Cuánto ejercicio debe hacer una persona mayor?

La duración y frecuencia deben adaptarse a cada persona. Lo más importante es reducir el sedentarismo, empezar de forma progresiva y mantener una rutina regular. Cualquier cantidad de movimiento es mejor que ninguna.

¿Puede hacer ejercicio una persona mayor con poca movilidad?

Sí. Puede realizar ejercicios sentado, movimientos de brazos y piernas, trabajo de respiración, cambios posturales y actividades adaptadas. En casos de movilidad reducida, es recomendable contar con supervisión profesional.

¿El ejercicio ayuda a prevenir caídas?

Sí. Los ejercicios de fuerza, equilibrio, coordinación y marcha pueden mejorar la estabilidad y reducir el riesgo de caídas, especialmente cuando se adaptan a las capacidades de la persona.

¿Es seguro hacer ejercicio con enfermedades crónicas?

En muchos casos sí, pero la rutina debe adaptarse a la enfermedad, medicación y capacidad de esfuerzo. Es aconsejable contar con valoración profesional antes de iniciar una actividad nueva.

¿Qué papel tiene el fisioterapeuta en el ejercicio de las personas mayores?

El fisioterapeuta valora la movilidad, la fuerza, el equilibrio y el riesgo de caídas. A partir de esa valoración diseña ejercicios seguros para mantener capacidades, rehabilitar lesiones y mejorar la autonomía.